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Mostrando las entradas de junio, 2011

Adiós, maestro Sábato

La primera vez que escuché el nombre de Ernesto Sábato fue en el colegio en el grado noveno. Mi profesora se llamaba Ofelia; nombre ideal para una maestra de literatura, desde luego que para la mamá de un buen amigo también. Como a mediados del año, cada alumno individualmente tuvo que tomar una decisión: leer El túnel de Ernesto Sábato o Los cachorros de Mario Vargas Llosa. Para ese entonces no tenía ningún tipo de referencia de ninguno de los dos escritores. La literatura aún no se me había develado en su total esplendor. De los dos títulos sentí preferencia por Los cachorros (yo era entonces un cachorro en aquella época). Lo disfruté bastante. Por otro lado, varios amigos que escogieron El túnel me contaron la historia a grandes pinceladas; un pintor se enamora de una mujer y luego la mata. Pensé que había acertado en mi elección al escucharlos. Luego me daría cuenta que no era tan así. Con el tiempo comprendería que Ernesto Sábato jugaba un papel importante en las letras latinoamer

El bien de un libro

Un fragmento de El nombre de la rosa : "El bien de un libro consiste en ser leído. Un libro está hecho de signos que hablan de otros signos, que, a su vez, hablan de las cosas. Sin unos ojos que lo lean, un libro contiene signos que no producen conceptos. Y por tanto, es mudo. Quizás esta biblioteca haya nacido para salvar los libros que contiene, pero ahora vive para mantenerlos sepultados. Por eso se ha convertido en pábulo de impiedad. El cillereró ha dicho que traicionó. Lo mismo ha hecho Bencio. Ha traicionado. ¡Oh, querido Adso, qué día, más feo! ¡Lleno de sangre y destrucción! Por hoy tengo bastante. Vayamos también nosotros a completas, y después a dormir."