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Mostrando las entradas de octubre, 2014

Isabel Allende y el destino

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No creo en el destino. No creo que nuestras páginas estén irremediablemente escritas, y que no podamos cambiar ni una coma, a pesar de que en algún pasaje en particular seamos conscientes de que sería mejor un punto y coma o acaso los dos puntos. No creo en el destino escrito, sin embargo, sí creo que un diálogo franco y abierto entre destino y el ser humano. Verán, el destino es un gran abuelo, por lo general con largas barbas de sabiduría, que a veces tiene cosas para contarnos o aconsejarnos. Gusta de contar historias, enviar mensajes extraviados de texto, equivocar una llamada telefónica. Y así es él, unas veces dice las cosas de una manera escueta, sin pelos en la lengua; otras veces se va por las ramas. Todo eso hace parte del diálogo. Por eso siempre, siempre tenemos que ser buenos oyentes. El destino me habló: hay que leer a Isabel Allende. Tantos y tantos escritores con los que uno se ha encontrado por medio del destino. Tantos nombres por tanto tiempo ocu

No esperes nada de nadie vs La paciencia lo es todo

Como un amargo tatuaje indeleble, así son a veces las huellas que dejan las personas sobre nosotros. Quizás uno se arrepienta de haber creído en alguien, de haber compartido amistad con quien luego clavó la puñalada en la espalda, quizás las experiencias con el otro sean de una verdad catastrófica, pero por sobre todas las cosas hay que seguir creyendo, hay que tener fe. Como le escuché a una instructora de yoga hace poco: el mundo es maravilloso. Que te echaron del trabajo: el mundo es maravilloso. Que te dejó la novia: el mundo es maravilloso. Que se murió un ser querido: el mundo es maravilloso. Y el mundo es maravilloso, porque es una suma de maravillas, una suma de milagro tras milagro que es la vida. Y el mundo está lleno de vidas. Hoy mientras viajaba en metro para mi casa, vi que un hombre tenía tatuado en su antebrazo la frase "No esperes nada de nadie". Las letras eran grandes, tanto que sin estar cerca pude leer perfectamente. Sentí una inmediata tristeza y el p