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El artista en el trabajo

Hoy terminé de leer Jonás o el artista en el trabajo de Albert Camus. Un buen cuento. Un retrato sobre la vida de un pintor, desde el inicio de su prometedora carrera hasta su solitario ocaso, su lienzo en blanco. Algunos pasajes fueron de alguna manera como una cachetada en la mejilla, porque en algunos aspectos me contemplé a mí mismo, o contemplé a alguno de los que he sido y he llegado a conocer tan bien. La visión que tengo del artista ha cambiado mucho a través de los días. Por mucho tiempo fue Van Gogh mi artista favorito. Por muchas cosas. Por su dedicación al arte, por sus fantasmas, por su manera de vestir, por su talento: tanto para dibujar, como para pintar, como para escribir; por su sensibilidad, por su pobreza, por su locura, por su oreja. También podría hablar de un Beethoven. O de un Rilke. Las cartas a un joven poeta también fueron una revelación en su momento, y en muchos aspectos incluso hoy lo siguen siendo. Sin embargo, ahora no tengo una imagen muy clara de...

Voces

En el trabajo no me doy cuenta cuando llueve. ¡Tan alejado estoy de la naturaleza! Luego de una extensa jornada laboral, salgo a la calle y encuentro las piedras y las aceras empapadas, árboles en el suelo, casas destruidas, y el río que en su crecida se ha llevado todo. Alguien me ha dicho que afuera en el mundo suceden cosas maravillosas: de noche aparecen estrellas en el cielo, son luminosas y hermosas; de día una esfera gigante llamada sol se posa sobre las cabezas de los hombres y es de color amarillo. Hay lugares inmensos llenos de libros, desde Homero hasta un pan salido del horno. Todas esas cosas no me las cuentan mis compañeros de trabajo (ellos también están dentro); son voces que escucho en mi cabeza, voces que hacen corrillo y hablan de otras posibilidades, otros mundos. Felipo Zaná