Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta escritura

Sobre los métodos fáciles y rápidos

Hace poco, mientras escuchaba un video de Hadar English, ella respondió una pregunta sobre cuánto tiempo tenía que estudiar una persona para poder aprender inglés. Su respuesta fue sincera y demoledora: toda una vida.  Toda una vida. Así de simple. Y es que no se puede confiar en el método fácil de tres meses o de dos semanas. El inglés es una torre que se va construyendo ladrillo a ladrillo durante toda una vida. Pensé que las cosas importantes en la vida son así: empresas inalcanzables que, sin embargo, les endosamos todas nuestras energías. Y para acometer una empresa de tales magnitudes lo principal es el amor. Se necesita mucho amor: primero, por la cúspide de la torre, por ese lugar al que se quiere llegar algún día; segundo, por el oficio, amor por pegar cada ladrillo uno tras otro durante toda una vida. Amor por la meta, amor por el camino. Quienes abandonan, simplemente no saben amar. En mi caso, lo vivo con la escritura. Tantos años escribiendo, tantos años de dedicación;...

¿Será que escribir es una vergüenza?

¿Será que escribir es una vergüenza? Hace poco me formulé esta pregunta al detener mis ojos sobre algunas líneas viejas. Con cada letra que transitaba por mis ojos una holeada de vergüenza me descubría. Finalmente decidí detener la lectura, cerrando los ojos. Y es que da dificultad volver a leer algo que uno escribió mucho tiempo atrás. Desde luego todo cambia, y el lector actual no es el mismo que el escritor que escribió esas líneas. Entonces, por qué continúa la vergüenza, por qué la pena ajena. Desde luego la pena tiene muchos rostros; uno se debe sin duda al pensar en los lugares equívocos de las comas y los puntos, o los nunca aprehensibles puntos y coma y dos puntos. Pero eso es solo el principio de la pena. No es una pena que mata, no es una pena de cadena perpetua. Parece que el grueso de la vergüenza fuera con nuestros homónimos del pasado, acaso es que censuramos su pensar o su sentir; o acaso es que su prosa llega en el tiempo a nosotros y nos descubre lo farsante que somos...

Futuro de las letras colombianas

Acabo de leer a los grandes escritores de nuestros días. No sé cuántos son; o si es solamente uno, pero múltiple. Todos los fuegos el fuego, como diría Cortázar. Tuve la oportunidad de encontrarme con uno de tales autores en Anzá, un pueblo alejado, casi ubicado en el más allá, de donde provienen las raíces de Zaná. Estaba allí en una noche de semana santa, con mi novia y mi familia tomando unas cervezas, cuando me pareció ver a A., sin embargo no estaba seguro, no imaginaba encontrar a nadie de filología en mi pueblo; así que me acerqué y no sin sorpresa comprobé que se trataba de A. Intercambiamos correos, intercambiamos recortes de vida por unos cuantos minutos, y como fruto de ese intercambio escribo estas líneas, con gran alegría, al saber que las letras colombianas están en buenas manos. Hay un talento venidero, que está entre nosotros. Quiero compartir esa alegría con los lectores de este blog. No soy dado a los elogios; a veces pienso que quizás puedan estropear, pero también ...

Woman, why are you weeping?

Llorarlo todo, pero llorarlo bien Oliveiro Girondo Hace poco leí en un blog una referencia a aquella pregunta que le dirige Jesús a María Magdalena, luego de la resurrección, cuando ella encuentra su tumba vacía: “Mujer, ¿por qué lloras?" El pasaje ya lo conocía, pero justo en ese momento lo vi de una manera clara, fue una revelación. Sucede con frecuencia, nos acostumbramos tanto a nuestras cotidianidades que ya no necesitamos de instrucciones para subir una escalera, ya no tenemos que pensar para tomar el camino que nos llevará a Mandala (bar); andamos como autómatas en la calle. Sin embargo, llega el día en que nos tropezamos subiendo una escalera; llega el día en que habiendo salido para el bar, llegamos a un parque y nos preguntamos para dónde es que iba yo . Llega el día en que nos levantamos con una pasión muerta, o deseando que por fin los sapos bailen flamenco. Pasa. Pasa tantas veces. Un día alguien se despierta despreciando a Gabo, y a la noche llora conmovida por el fu...

Confesiones de un novel escritor luego de terminar su primera novela

Esta semana finalmente acabé mi primera novela. Han pasado cinco años, desde que naciera la idea, una mañana lejana en la biblioteca que solía frecuentar. Ese día escribí como un autómata diez páginas de cuaderno. A la mañana siguiente me senté a continuar y no fui capaz de escribir una sola línea más. Tres años en la luna y muchas lecturas pasaron, tres años con lapiceros en la mano y en la mente. Luego vendrían veinticuatro meses de panadería y carpintería, es decir, de escritura. Y ahora el pan está caliente, servido sobre la silla. Fueron tres versiones en total. Tal parece que soy un poco numerólogo, porque desde un principio sabía que ese iba a ser el número. Quizás también tengan algo que ver mis estudios de Ingeniería: la metodología de desarrollo en espiral y la programación extrema (XP). En la primera versión la puerilidad brotaba por las hojas, aún no era el momento de dar el escrito por terminado. Pero sí para pasarla a unos cuantos amigos para que comentaran sobre la infa...