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Testimonio: Alex Girasol

La mujer que guarda las llaves de la noche sabrá que me llamaba Louis Krizek y que cojeaba un poco y que la amaba Fayad Jamís Alex Girasol vive en las montañas de Tierradentro. Cultiva la tierra: tiene sembrados de tomate, ahuyama, caña; cuida de las gallinas y sus dos perros. También cultiva versos son sus manos y es lo mejor de su producción. A Alex Girasol lo conocí en Mandala más o menos en el año 2005. Fue cuando comencé a ir a diario al bar. Cierto día yo estaba sentado en la pequeña barra de Mandala Viejo donde cabían apenas dos personas. Alex Girasol llegó saludando a todo el mundo, en especial a Narty. Yo me paré y fui al baño. Cuando volví, el recién llegado se había sentado en mi puesto. Pidió disculpas, dijo que pensó que yo me había ido. Se sentó en la otra silla y me regaló una mariposa para disculparse. Preguntó por mi nombre y por lo que estudiaba, cuando le respondí que Ingeniería de Sistemas, dijo que nunca lo hubiera imaginado, que tenía una cara imborrable ...

Testimonio: NartyJulieth

Muchos años después, frente a los espejos de la memoria, Felipe Lopera había de recordar aquella tarde remota en que conoció a NartyJulieth. José María Vélaz era entonces una biblioteca de unos dos mil ejemplares… Era la tercera vez que entraba en esa biblioteca: la primera había sido en una exposición de pinturas de Victor, con obra de teatro incluida; la segunda vez fue, tiempo después, a ver una película con Diego, pero no vi nada porque llegué tarde. Pasaron varios abriles. Una noche, viniendo de Mandala, encontré a Diego en la calle, y me invitó al taller. Luego de la primera sesión, Adriana me dijo que la esperara, para sugerirme otro horario, el mismo horario de Andrés Holguín y Biviana Arbeláez. Mientras esperaba, Narty me invitó a tomar asiento, en su oficina, me hizo varias preguntas, y a los cinco minutos saqué la conclusión de que era la mujer más encantadora del mundo. Narty irradiaba una alegría de niña de cinco años, como si el mundo lo hubieran acabado de invent...

Testimonio: Andrés Holguín

Yo conocí a Andrés Holguín una mañana de octubre del año 2005. La primera impresión que me causó es que era uno de los hijos perdidos de Luzbel, sobre todo por su mirada. Yo acababa de unirme al taller de escritores “Los del taller”. Estaba en el segundo piso de la biblioteca con Adriana; y él llegó con su uniforme de colegial y su mochila de los sesenta, enseguida desenvainó uno de sus cuadernos y nos fusiló con uno de sus poemas. Se llamaba “Burdelito”; con la lectura de ese poema confirmé mi primera impresión. Los ojos de Adriana brillaron como nunca he vuelto a ver brillar dos ojos en mi vida, mientras Andrés leía su poema. Terminó de leer, con una cara inexpresiva, como queriendo decir que todo comentario subsiguiente le daba lo mismo, sin embargo, Adriana traería su sonrisa a colación y habló de que el poema debería ser leído en la lectura de Villas del Sol, que se realizaría en breves días. Los poemas de Andrés Holguín fueron los primeros que escuché en mi vida, en ese entonce...

Introducción a los testimonios

El tiempo que todo lo borra y desdibuja, la muerte que es cómplice del olvido. María Mercedes Carranza gritando "Un día escribiré mis memorias, ¿quién que se irrespete no lo hace? Y allí estará todo". Hay ganas de escribir, hay ganas de hacer la cosa más inutil del mundo, hay ganas de dejarse vencer por la nostalgia, hay ganas de celebrar a los amigos, hay tantas y tantas cosas. Aquí están mis testimonios. Felipo Zaná