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Mostrando las entradas con la etiqueta literatura

Sobre los métodos fáciles y rápidos

Hace poco, mientras escuchaba un video de Hadar English, ella respondió una pregunta sobre cuánto tiempo tenía que estudiar una persona para poder aprender inglés. Su respuesta fue sincera y demoledora: toda una vida.  Toda una vida. Así de simple. Y es que no se puede confiar en el método fácil de tres meses o de dos semanas. El inglés es una torre que se va construyendo ladrillo a ladrillo durante toda una vida. Pensé que las cosas importantes en la vida son así: empresas inalcanzables que, sin embargo, les endosamos todas nuestras energías. Y para acometer una empresa de tales magnitudes lo principal es el amor. Se necesita mucho amor: primero, por la cúspide de la torre, por ese lugar al que se quiere llegar algún día; segundo, por el oficio, amor por pegar cada ladrillo uno tras otro durante toda una vida. Amor por la meta, amor por el camino. Quienes abandonan, simplemente no saben amar. En mi caso, lo vivo con la escritura. Tantos años escribiendo, tantos años de dedicación;...

La biblioteca de mis sueños

He visitado pocas bibliotecas en mi vida. Podría decir simplemente que conozco y he recorrido los estantes de la Biblioteca Pública Piloto y los de la José María Velaz. Sin embargo, tengo mi biblioteca soñada. Y al conocer tan pocas, es posible que ese sueño ya se haya materializado y que esa biblioteca exista en algún lugar de este mundo: Estambul, Marinilla, Santiago, Nashville... Si no existe esa biblioteca, pido el favor a quienes lean estas líneas que por favor me ayuden a construirla: sería más o menos así. En la biblioteca no habrá palabra oral, será una biblioteca del silencio, de la palabra escrita, del gesto, de la vida. Será atendida por mimos. Quien cataloga los libros será un mimo, quien limpia el polvo será un mimo, quien dirige también. Así habrá un silencio delicioso para leer y, sobre todo, aprenderemos que la palabra se puede reemplazar por un gesto, paradójico, lo sé. En la pared habrá escrito el siguiente verso de Walt Whitman, “Not words, not music or rhyme I w...

Testimonio: Alex Girasol

La mujer que guarda las llaves de la noche sabrá que me llamaba Louis Krizek y que cojeaba un poco y que la amaba Fayad Jamís Alex Girasol vive en las montañas de Tierradentro. Cultiva la tierra: tiene sembrados de tomate, ahuyama, caña; cuida de las gallinas y sus dos perros. También cultiva versos son sus manos y es lo mejor de su producción. A Alex Girasol lo conocí en Mandala más o menos en el año 2005. Fue cuando comencé a ir a diario al bar. Cierto día yo estaba sentado en la pequeña barra de Mandala Viejo donde cabían apenas dos personas. Alex Girasol llegó saludando a todo el mundo, en especial a Narty. Yo me paré y fui al baño. Cuando volví, el recién llegado se había sentado en mi puesto. Pidió disculpas, dijo que pensó que yo me había ido. Se sentó en la otra silla y me regaló una mariposa para disculparse. Preguntó por mi nombre y por lo que estudiaba, cuando le respondí que Ingeniería de Sistemas, dijo que nunca lo hubiera imaginado, que tenía una cara imborrable ...

Testimonio: NartyJulieth

Muchos años después, frente a los espejos de la memoria, Felipe Lopera había de recordar aquella tarde remota en que conoció a NartyJulieth. José María Vélaz era entonces una biblioteca de unos dos mil ejemplares… Era la tercera vez que entraba en esa biblioteca: la primera había sido en una exposición de pinturas de Victor, con obra de teatro incluida; la segunda vez fue, tiempo después, a ver una película con Diego, pero no vi nada porque llegué tarde. Pasaron varios abriles. Una noche, viniendo de Mandala, encontré a Diego en la calle, y me invitó al taller. Luego de la primera sesión, Adriana me dijo que la esperara, para sugerirme otro horario, el mismo horario de Andrés Holguín y Biviana Arbeláez. Mientras esperaba, Narty me invitó a tomar asiento, en su oficina, me hizo varias preguntas, y a los cinco minutos saqué la conclusión de que era la mujer más encantadora del mundo. Narty irradiaba una alegría de niña de cinco años, como si el mundo lo hubieran acabado de invent...

Testimonio: Andrés Holguín

Yo conocí a Andrés Holguín una mañana de octubre del año 2005. La primera impresión que me causó es que era uno de los hijos perdidos de Luzbel, sobre todo por su mirada. Yo acababa de unirme al taller de escritores “Los del taller”. Estaba en el segundo piso de la biblioteca con Adriana; y él llegó con su uniforme de colegial y su mochila de los sesenta, enseguida desenvainó uno de sus cuadernos y nos fusiló con uno de sus poemas. Se llamaba “Burdelito”; con la lectura de ese poema confirmé mi primera impresión. Los ojos de Adriana brillaron como nunca he vuelto a ver brillar dos ojos en mi vida, mientras Andrés leía su poema. Terminó de leer, con una cara inexpresiva, como queriendo decir que todo comentario subsiguiente le daba lo mismo, sin embargo, Adriana traería su sonrisa a colación y habló de que el poema debería ser leído en la lectura de Villas del Sol, que se realizaría en breves días. Los poemas de Andrés Holguín fueron los primeros que escuché en mi vida, en ese entonce...