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El lento olvido de uno mismo

la vida es sólo lo que se hace, no quiero nada con la muerte. Pablo Neruda Se va uno olvidando de aquellas pequeñas cosas. Y en su lugar va llegando lo de siempre, las “cosas importantes”, ese checklist infinito e invisible, que ordena conseguir un trabajo estable, un carro último modelo, estudiar una maestría, casarse, tener hijos, pagar un buen colegio, salir de vacaciones a una playa. Actividades que no necesariamente lo hacen a uno feliz; actividades que olvidan lo importante de la vida. Hace poco mi hermana me dio una lección. Leyó un método para ordenar y dejar ir objetos en la casa. El método consiste en coger cada objeto, tocarlo, cerrar los ojos y pensar por un momento en la sensación que causa. Si produce felicidad, hay que conservarlo, si no, simplemente se deshecha. No utilidad, sino felicidad. Lo esencial es invisible para los ojos. Sí, Principito, y tantas y tantas actividades que van pasando por nuestros ojos en desfile pintoresco, van dejando poco tiempo a la...

Isabel Allende y el destino

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No creo en el destino. No creo que nuestras páginas estén irremediablemente escritas, y que no podamos cambiar ni una coma, a pesar de que en algún pasaje en particular seamos conscientes de que sería mejor un punto y coma o acaso los dos puntos. No creo en el destino escrito, sin embargo, sí creo que un diálogo franco y abierto entre destino y el ser humano. Verán, el destino es un gran abuelo, por lo general con largas barbas de sabiduría, que a veces tiene cosas para contarnos o aconsejarnos. Gusta de contar historias, enviar mensajes extraviados de texto, equivocar una llamada telefónica. Y así es él, unas veces dice las cosas de una manera escueta, sin pelos en la lengua; otras veces se va por las ramas. Todo eso hace parte del diálogo. Por eso siempre, siempre tenemos que ser buenos oyentes. El destino me habló: hay que leer a Isabel Allende. Tantos y tantos escritores con los que uno se ha encontrado por medio del destino. Tantos nombres por tanto tiempo ocu...

El artista en el trabajo

Hoy terminé de leer Jonás o el artista en el trabajo de Albert Camus. Un buen cuento. Un retrato sobre la vida de un pintor, desde el inicio de su prometedora carrera hasta su solitario ocaso, su lienzo en blanco. Algunos pasajes fueron de alguna manera como una cachetada en la mejilla, porque en algunos aspectos me contemplé a mí mismo, o contemplé a alguno de los que he sido y he llegado a conocer tan bien. La visión que tengo del artista ha cambiado mucho a través de los días. Por mucho tiempo fue Van Gogh mi artista favorito. Por muchas cosas. Por su dedicación al arte, por sus fantasmas, por su manera de vestir, por su talento: tanto para dibujar, como para pintar, como para escribir; por su sensibilidad, por su pobreza, por su locura, por su oreja. También podría hablar de un Beethoven. O de un Rilke. Las cartas a un joven poeta también fueron una revelación en su momento, y en muchos aspectos incluso hoy lo siguen siendo. Sin embargo, ahora no tengo una imagen muy clara de...

Te leeré como un buen libro

Te leeré como un buen libro. Escalaré por el inicio, Llegaré hasta tu nudo, Y me desenlazaré en tu desenlace. Como un buen libro, subrayaré tus pensamientos importantes. Cada idea que lea, aumentará mi caudal. Escribiré en tus márgenes mis acuerdos y desacuerdos. Como un buen libro, me inspirarás un sueño, Un viaje, una aventura, una idea, una ilusión. Como un buen libro, antes era uno, página a página soy otro. Como un buen libro, citaré tus dientes en el café. Mientras me vista en la mañana, citaré tu cigarrillo. Citaré la idea que da vueltas, Rueda que rueda en mí. Es posible que vaya a otros libros, Que me pierda en otros autores, Pero como un buen libro, volveré a ti. Como un buen libro, te leeré una y otra vez. La primera vez será un recorrido por tus hojas, Sin detenerme a esperar una brisa. Luego volveré. Habrá la lectura de tu nariz, Habrá la lectura de tu palma. Habrá la lectura de tu ombligo. Habrá la lectura de tu lom...

Desequilibrio emocional

De repente pienso en todos los libros que he leído: Guerra y paz , Lo bello y lo triste , El castillo, Crimen y castigo, Cien años de soledad, El hostigante verano de los dioses, La casa de las dos palmas … De repente pienso en todos los libros que he leído y en los pocos árboles que he sembrado. Y es así que me invade un desequilibrio emocional. Cuando era niño el número de árboles que sembraba era mayor al número de libros que leía. Vivía en las llanuras del Urabá antioqueño. En el alambrado que encerraba la casa, sembraba con mi mamá un árbol en cada uno de los postes. Recuerdo mis descubrimientos iniciales sobre la vida vegetal. A partir de un pequeño brazo de una mata, nacía otra mata hija. En esos días apenas recuerdo un ejemplar de El Moro en la casa, que comencé a leer porque en la portada había dibujado un caballo. Fue mi primer libro. Todo estaba bien, leer y sembrar. Pero fui creciendo y un desequilibrio emocional se fue afianzando en mí. La vida es así, uno va cr...