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Oda a mi novia mientras lee

Un día escribiré mis memorias, ¿quién que se irrespete no lo hace? María Mercedes Carranza Amo cuando mi novia lee recostada en el mueble. La sazón del guiso colabora para que ella se eleve en un mundo de olores y aromas. Ella lee mientras cocina y vive. Ella se pierde en el libro y yo la encuentra tan llamativa como una llama ardiendo cubierta de chapolas silvestres. Y ardo en su llama, ardo en su belleza roja, azul colorida. Ella lee y yo quisiera llegarle por detrás, acariciarla suavemente, darle una pequeña brisa en su oreja izquierda; pero no quisiera que ella se perdiera de una sola línea por esta chapola impaciente. Es cierto, el fuego crece luego de que una chapola se quema. ¿Sucederá lo mismo con mi novia?, ¿aumentará más su capacidad lectora si yo me arrojo en sus brazos o si me tiro patas arriba en el libro? A veces, quisiera escribir mi historia. Cuando hay un crimen en el libro, sus ojos se humedecen como una pequeña cascadita de tamaño proporcional. Y crecen alrededor tod...

SQL para escritores

Hay un verso de Neruda en su notable Oda al gato: “El ingeniero quiere ser poeta”. Pues bien, un grupo de ingenieros dedicados a la poesía decidieron aplicar sus conocimientos informáticos al servicio de la literatura y es así como ha salido a la luz pública SQL para escritores. Daré una breve introducción sobre el SQL para aquellas personas poco familiarizadas con la informática. SQL significa Structure Query Language y nos permite hacer consultas sobre una base de datos. A su vez, una base de datos podría ser definida muy superficialmente como un conjunto de tablas interrelacionadas donde se guarda información. Finalmente, una tabla puede ser asimilada a una hoja de Excel, con filas y columnas. Con el SQL se puede por ejemplo hacer consultas sobre la tabla PEDIDO: ¿cuál es el pedido más caro? ¿Cuántos pedidos ha hecho determinada persona? Una consulta SQL luce poco poética: Para obtener toda la información: Select * From PEDIDO; Para obtener el pedido con mayor valor: Select Max (v...

¿Será que escribir es una vergüenza?

¿Será que escribir es una vergüenza? Hace poco me formulé esta pregunta al detener mis ojos sobre algunas líneas viejas. Con cada letra que transitaba por mis ojos una holeada de vergüenza me descubría. Finalmente decidí detener la lectura, cerrando los ojos. Y es que da dificultad volver a leer algo que uno escribió mucho tiempo atrás. Desde luego todo cambia, y el lector actual no es el mismo que el escritor que escribió esas líneas. Entonces, por qué continúa la vergüenza, por qué la pena ajena. Desde luego la pena tiene muchos rostros; uno se debe sin duda al pensar en los lugares equívocos de las comas y los puntos, o los nunca aprehensibles puntos y coma y dos puntos. Pero eso es solo el principio de la pena. No es una pena que mata, no es una pena de cadena perpetua. Parece que el grueso de la vergüenza fuera con nuestros homónimos del pasado, acaso es que censuramos su pensar o su sentir; o acaso es que su prosa llega en el tiempo a nosotros y nos descubre lo farsante que somos...

Salud, dinero y amor

Hoy estaba hojeando mis libros. Los bajé todos de la biblioteca y los tiré a la cama. Una nube de polvo se levantó y estornudé tres veces. En el primer estornudo, Flaubert con su Primera edudación sentimental me dijo lo siguiente sobre el amor: En el desarrollo comparado de una pasión, de un sentimiento, e incluso en la comprensión de una idea, siempre uno se adelanta al otro, y en el momento en que el segundo llega al punto culminante, el primero ya lo ha sobrepasado o ha vuelto hacia atrás. Las almas jamás avanzan como caballos de carroza, enganchados en el mismo tiro, sino más bien una detrás de otra, entrecruzándose en su camino, atropellándose, alejándose sin cesar, corriendo frenéticas como bolas de billar. Adoramos a una mujer que comienza a amarnos, que nos adorará en el momento en que ya no la amemos, y que estará hastiada para cuando deseemos volver a ella. Es extremadamente difícil establecer una armonía en la vida, y podríamos contar con los dedos de una mano el número de m...

Adiós, maestro Sábato

La primera vez que escuché el nombre de Ernesto Sábato fue en el colegio en el grado noveno. Mi profesora se llamaba Ofelia; nombre ideal para una maestra de literatura, desde luego que para la mamá de un buen amigo también. Como a mediados del año, cada alumno individualmente tuvo que tomar una decisión: leer El túnel de Ernesto Sábato o Los cachorros de Mario Vargas Llosa. Para ese entonces no tenía ningún tipo de referencia de ninguno de los dos escritores. La literatura aún no se me había develado en su total esplendor. De los dos títulos sentí preferencia por Los cachorros (yo era entonces un cachorro en aquella época). Lo disfruté bastante. Por otro lado, varios amigos que escogieron El túnel me contaron la historia a grandes pinceladas; un pintor se enamora de una mujer y luego la mata. Pensé que había acertado en mi elección al escucharlos. Luego me daría cuenta que no era tan así. Con el tiempo comprendería que Ernesto Sábato jugaba un papel importante en las letras latinoamer...

El bien de un libro

Un fragmento de El nombre de la rosa : "El bien de un libro consiste en ser leído. Un libro está hecho de signos que hablan de otros signos, que, a su vez, hablan de las cosas. Sin unos ojos que lo lean, un libro contiene signos que no producen conceptos. Y por tanto, es mudo. Quizás esta biblioteca haya nacido para salvar los libros que contiene, pero ahora vive para mantenerlos sepultados. Por eso se ha convertido en pábulo de impiedad. El cillereró ha dicho que traicionó. Lo mismo ha hecho Bencio. Ha traicionado. ¡Oh, querido Adso, qué día, más feo! ¡Lleno de sangre y destrucción! Por hoy tengo bastante. Vayamos también nosotros a completas, y después a dormir."

Futuro de las letras colombianas

Acabo de leer a los grandes escritores de nuestros días. No sé cuántos son; o si es solamente uno, pero múltiple. Todos los fuegos el fuego, como diría Cortázar. Tuve la oportunidad de encontrarme con uno de tales autores en Anzá, un pueblo alejado, casi ubicado en el más allá, de donde provienen las raíces de Zaná. Estaba allí en una noche de semana santa, con mi novia y mi familia tomando unas cervezas, cuando me pareció ver a A., sin embargo no estaba seguro, no imaginaba encontrar a nadie de filología en mi pueblo; así que me acerqué y no sin sorpresa comprobé que se trataba de A. Intercambiamos correos, intercambiamos recortes de vida por unos cuantos minutos, y como fruto de ese intercambio escribo estas líneas, con gran alegría, al saber que las letras colombianas están en buenas manos. Hay un talento venidero, que está entre nosotros. Quiero compartir esa alegría con los lectores de este blog. No soy dado a los elogios; a veces pienso que quizás puedan estropear, pero también ...