Amable lector, ¿eres de las personas que gusta de rayar los libros? ¿O por el contrario piensas que es un crimen? Hablaré un poco sobre esa espinosa cuestión. Déjenme que les cuente una historia. Tenía tres candidatos para mi próxima lectura. Los había prestado esta semana en la biblioteca. Se trataban de “La monja alférez” de Thomas de Quincey, “La charca del diablo”, de George Sand y “Los himnos a la noche / Enrique de Ofterdingen” de Novalis. Antes de leer un libro me gusta mirarlos al derecho y al revés. Miro el número de páginas, el tamaño de la letra, hojeo brevemente la calidad del prólogo, y leo la primera línea, a veces también la última. En “La charca del diablo”, me encontré en la última hoja con el siguiente comentario que alguien había escrito allí con letra verde: “Esto, infortunado lector, no es una novela… es un cuento larguísimo… y de los peores. El costumbrismo francés es mucho más depurado”. Bendije a la persona que escribió eso allí. Sentí que no había necesidad ...
Si toda casa es un espacio vacío hasta que llegan sus habitantes. Si los fantasmas son invisibles hasta que una mano saque un pan del horno, hasta que una mano destape un piano y despierte todo lo viejo, todo lo que duerme en una casa. La música tiene la capacidad de despertar el pasado, de llevarnos a lugares que no existen, de despertar seres imaginarios, de darnos las posibilidades de lo sublime. Pero se debe ir más allá, también se necesita un futuro, un fruto, la realidad de una biscuit; un reino de la espiga, como decía García Lorca. Por eso mi casa tendrá dos objetos favoritos, dos objetos necesarios: el piano y el horno. Con el piano, correrá por la casa mi compañera eterna en todas las edades y ternuras. Del horno saldrá el olor de la receta hecha oración que gravitará por la cocina. Kathryn tocará el piano ¿todas las mañana? ¿Todas las tardes? ¿Todas las noches? En todo caso, notas musicales bailarán en el aire, recorrerán las habitaciones, blanquearán las paredes. Y mientras...
Estoy enamorado de la mujer que guarda las llaves de la noche Fayad Jamís La noche y la luz podrían entrar en todo tipo de discusión. Se podría preguntar, por ejemplo, ¿te gusta hacer el amor con la luz prendida o apagada?, ¿tu tumba debe ser cavada bajo el sol o bajo las estrellas? ¿Hiciste trasnochar a tu madre el trivial día en que naciste? ¿Por qué al gato le gusta tanto la noche? ¿Por qué no tenemos sus ojos? ¿Le temes a la oscuridad? ¿Cuántos soles te gustaría contemplar antes de morir? Por ser éste un blog con tinte literario voy a hablar sobre si escribir en la noche o en el día, además de algunos significados de la noche que me gustan. Sé que la literatura lo abarca todo: todas las preguntas, todos los fuegos, todas las contradicciones, pero yo apenas soy una pequeña letra en la Biblioteca de Babel de Borges. Como siempre, la metodología es escribir de todo aquello que va llegando a mi cabeza a medida que estoy sentado, irrespetando siempre las características del discurso, es...
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