Si toda casa es un espacio vacío hasta que llegan sus habitantes. Si los fantasmas son invisibles hasta que una mano saque un pan del horno, hasta que una mano destape un piano y despierte todo lo viejo, todo lo que duerme en una casa. La música tiene la capacidad de despertar el pasado, de llevarnos a lugares que no existen, de despertar seres imaginarios, de darnos las posibilidades de lo sublime. Pero se debe ir más allá, también se necesita un futuro, un fruto, la realidad de una biscuit; un reino de la espiga, como decía García Lorca. Por eso mi casa tendrá dos objetos favoritos, dos objetos necesarios: el piano y el horno. Con el piano, correrá por la casa mi compañera eterna en todas las edades y ternuras. Del horno saldrá el olor de la receta hecha oración que gravitará por la cocina. Kathryn tocará el piano ¿todas las mañana? ¿Todas las tardes? ¿Todas las noches? En todo caso, notas musicales bailarán en el aire, recorrerán las habitaciones, blanquearán las paredes. Y mientras...
He visitado pocas bibliotecas en mi vida. Podría decir simplemente que conozco y he recorrido los estantes de la Biblioteca Pública Piloto y los de la José María Velaz. Sin embargo, tengo mi biblioteca soñada. Y al conocer tan pocas, es posible que ese sueño ya se haya materializado y que esa biblioteca exista en algún lugar de este mundo: Estambul, Marinilla, Santiago, Nashville... Si no existe esa biblioteca, pido el favor a quienes lean estas líneas que por favor me ayuden a construirla: sería más o menos así. En la biblioteca no habrá palabra oral, será una biblioteca del silencio, de la palabra escrita, del gesto, de la vida. Será atendida por mimos. Quien cataloga los libros será un mimo, quien limpia el polvo será un mimo, quien dirige también. Así habrá un silencio delicioso para leer y, sobre todo, aprenderemos que la palabra se puede reemplazar por un gesto, paradójico, lo sé. En la pared habrá escrito el siguiente verso de Walt Whitman, “Not words, not music or rhyme I w...
Estoy enamorado de la mujer que guarda las llaves de la noche Fayad Jamís La noche y la luz podrían entrar en todo tipo de discusión. Se podría preguntar, por ejemplo, ¿te gusta hacer el amor con la luz prendida o apagada?, ¿tu tumba debe ser cavada bajo el sol o bajo las estrellas? ¿Hiciste trasnochar a tu madre el trivial día en que naciste? ¿Por qué al gato le gusta tanto la noche? ¿Por qué no tenemos sus ojos? ¿Le temes a la oscuridad? ¿Cuántos soles te gustaría contemplar antes de morir? Por ser éste un blog con tinte literario voy a hablar sobre si escribir en la noche o en el día, además de algunos significados de la noche que me gustan. Sé que la literatura lo abarca todo: todas las preguntas, todos los fuegos, todas las contradicciones, pero yo apenas soy una pequeña letra en la Biblioteca de Babel de Borges. Como siempre, la metodología es escribir de todo aquello que va llegando a mi cabeza a medida que estoy sentado, irrespetando siempre las características del discurso, es...
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